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Por: Osiris Mota | El reto del Partido de la Liberación Dominicana no es únicamente atraer jóvenes, sino convencerlos de que la política puede mejorar su vida cotidiana. La mayoría de los jóvenes dominicanos no rechazan la política por apatía, sino porque perciben que los partidos tradicionales ofrecen pocas oportunidades de participación real, privilegian a los mismos dirigentes y hablan más de sus conflictos internos que de los problemas que afectan a las nuevas generaciones.
Si un partido como el PLD quisiera recuperar el interés de los jóvenes, tendría que emprender una transformación profunda en al menos diez aspectos:
Darles poder, no solo espacios.
No basta con crear una Secretaría de la Juventud o invitar jóvenes a actividades. Deben tener capacidad para influir en las decisiones, ocupar candidaturas competitivas y participar en la elaboración del programa político.
Renovar el liderazgo.
Muchos jóvenes sienten que los partidos están controlados por dirigentes que llevan décadas en las mismas posiciones. Un proceso transparente de renovación generacional enviaría una señal de cambio.
Hablar de los problemas reales de la juventud.
Las principales preocupaciones incluyen:
Empleo de calidad.
Vivienda asequible.
Acceso al crédito para emprender.
Educación adaptada al mercado laboral.
Salud mental.
Seguridad ciudadana.
Medio ambiente.
Transformación digital e inteligencia artificial.
Utilizar un lenguaje diferente.
La comunicación política tradicional suele ser larga y formal. Los jóvenes prefieren mensajes claros, debates abiertos, contenido audiovisual y diálogo en redes sociales, sin abandonar el rigor.
Convertirse en una escuela de liderazgo.
El partido podría ofrecer formación gratuita en:
liderazgo;
negociación;
innovación;
administración pública;
emprendimiento;
inteligencia artificial;
ética pública.
Aunque muchos asistentes nunca se afilien, el partido ganaría prestigio como espacio de formación.
Promover causas sociales, no solo campañas electorales.
Los jóvenes participan cuando sienten que generan impacto. Jornadas ambientales, programas de alfabetización digital, apoyo a comunidades vulnerables o proyectos culturales pueden crear vínculos más sólidos que un mitin.
Garantizar transparencia interna.
Los jóvenes son especialmente sensibles a la corrupción. Publicar estados financieros, procesos internos y criterios para escoger candidatos fortalecería la confianza.
Crear espacios para la innovación.
Laboratorios de políticas públicas, concursos de ideas y plataformas digitales donde cualquier joven pueda presentar propuestas permitirían incorporar nuevas perspectivas.
Escuchar antes de hablar.
En lugar de organizar conferencias para explicar sus propuestas, el partido podría recorrer universidades, barrios y comunidades realizando encuentros donde la prioridad sea escuchar las inquietudes de los jóvenes.
Aceptar errores y presentar una visión de futuro.
El PLD gobernó durante varios períodos y carga con logros, pero también con críticas. Un reconocimiento sincero de los errores, acompañado de un proyecto renovado para los próximos veinte años, tendría mayor credibilidad que limitarse a defender el pasado.
¿Qué buscan hoy los jóvenes?
Diversos estudios realizados en América Latina muestran que los jóvenes no han perdido el interés por los asuntos públicos; lo que ha disminuido es su confianza en los partidos políticos. Participan activamente cuando encuentran causas concretas, organizaciones transparentes y oportunidades de influir en las decisiones. Valoran especialmente la autenticidad, la coherencia entre el discurso y la acción, y la posibilidad de producir resultados tangibles.
Una estrategia para el PLD
Si el PLD aspira a volver a ser una fuerza atractiva para las nuevas generaciones, debería pasar de un modelo centrado en la movilización electoral a uno basado en la construcción permanente de ciudadanía. Eso implica dejar de ver a los jóvenes únicamente como votantes o activistas de campaña y reconocerlos como socios en la formulación de políticas públicas.
La historia del partido estuvo marcada por una fuerte apuesta por la formación política e intelectual de sus miembros. Recuperar esa tradición, adaptándola a los desafíos del siglo XXI —tecnología, innovación, sostenibilidad, empleo y participación digital— podría ser una de las vías más efectivas para reconectar con la juventud dominicana. Un partido que forme líderes, escuche a las nuevas generaciones y les otorgue responsabilidades reales tendrá muchas más posibilidades de atraerlas que uno que solo las convoque cuando se acercan las elecciones.





