EL DISCURSO DE LEÓN XIV, FRANCISCO Y LA FAMILIA

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Por: Víctor Manuel Grimaldi Céspedes | Mi reflexión sobre Francisco, Benedicto XVI y la familia coincide con el discurso pronunciado por León XIV este 7 de octubre, al inaugurar en el Vaticano una reunión dedicada a los diez años de Amoris laetitia.

El nuevo pontífice recuerda expresamente el fundamento bíblico del matrimonio entre un hombre y una mujer, y pide anunciar la plenitud de la enseñanza evangélica sobre la familia.

Sus palabras permiten examinar cómo aborda las cuestiones que suscitaron controversias durante el pontificado de Francisco.

La pregunta surge de inmediato: ¿en qué discrepa León XIV de su predecesor?

El discurso no formula una discrepancia doctrinal explícita.

Reconoce Amoris laetitia como una etapa importante del camino de la Iglesia y valora su influencia en la vida de las comunidades. Al mismo tiempo, invita a examinar las dificultades, las preguntas y las experiencias surgidas durante su aplicación.

Lo que puede analizarse es el énfasis de su intervención y las consecuencias que podría tener esa evaluación. Una discrepancia concreta tendría que probarse mediante decisiones o afirmaciones que establecieran una diferencia verificable.

León XIV coloca el fundamento bíblico del matrimonio dentro de su exposición. Recuerda el pasaje de Marcos según el cual Dios creó al hombre y a la mujer, y el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa. Encomienda también a los pastores proclamar la belleza del designio de Dios sobre el matrimonio y la familia.

Ese recordatorio resulta significativo en un contexto de confusión sobre la sexualidad, la fidelidad y la permanencia del vínculo conyugal.

Sin embargo, sería inexacto presentarlo como una enseñanza que Francisco hubiera rechazado. En su homilía del 4 de octubre de 2015, Francisco citó el mismo fundamento evangélico y defendió la unidad y la indisolubilidad matrimonial.

La controversia del pontificado anterior se encuentra principalmente en la relación entre esas afirmaciones doctrinales y determinadas decisiones pastorales.

Amoris laetitia amplió las posibilidades del discernimiento de situaciones personales. Francisco respaldó los criterios de los obispos de la región de Buenos Aires, que contemplaban, bajo determinadas condiciones, el acceso a la reconciliación y a la Eucaristía de algunos divorciados en una nueva unión civil.

La diferencia práctica respecto de la disciplina reafirmada por Benedicto XVI fue relevante. Planteó preguntas sobre la relación entre la indisolubilidad matrimonial, la responsabilidad personal y las condiciones para recibir los sacramentos.

León XIV no responde específicamente a esas preguntas en su discurso inaugural. Tampoco anuncia una modificación de aquella orientación. Su intervención abre un examen de las experiencias acumuladas durante una década.

Aquí aparece un aspecto que merece destacarse: solicita conocer los frutos y afrontar honestamente las dificultades que permanecen. Esa invitación da espacio para analizar las aplicaciones concretas, sus resultados y sus problemas.

A mi juicio, ese examen debería incluir la claridad con que los fieles han comprendido las decisiones pastorales. Una enseñanza puede conservarse formalmente y, sin embargo, resultar oscurecida por una práctica insuficientemente explicada. También puede aplicarse de una manera que desconozca circunstancias humanas decisivas.

La responsabilidad de los obispos consiste en estudiar ambas posibilidades con rigor.

Otra insistencia de León XIV es la necesidad de anunciar la plenitud de la enseñanza evangélica sobre la familia. El acompañamiento debe ayudar a las personas a conocer y vivir esa enseñanza, considerando las dificultades reales que encuentran.

El Papa observa una distancia creciente entre las formas contemporáneas de vivir la sexualidad y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio.

Reconoce que los jóvenes siguen buscando amor, fidelidad y pertenencia, aunque muchos encuentran dificultades para asumir un compromiso para toda la vida.

Su planteamiento exige revisar la formación, el lenguaje pastoral y la capacidad de las comunidades para sostener a los matrimonios.

También pide considerar la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y las heridas emocionales que condicionan las decisiones familiares.

Estos elementos muestran una amplia continuidad con las preocupaciones pastorales de Francisco. Amoris laetitia también relacionó la propuesta cristiana del matrimonio con la atención a las personas frágiles y con las circunstancias sociales de la vida familiar.

Por eso, el contraste debe establecerse con cuidado. Podemos reconocer en León XIV una insistencia en evaluar la experiencia y mantener íntegro el anuncio evangélico. Todavía no podemos convertir esos énfasis en una rectificación de su predecesor.

El mismo cuidado se requiere respecto de Fiducia supplicans. La declaración de 2023 permitió bendiciones espontáneas de parejas del mismo sexo y de parejas en situaciones irregulares, manteniendo la definición católica del matrimonio.

Mi reflexión anterior cuestionó la comprensión pública de esa distinción: un gesto puede ser interpretado como aprobación de una relación aunque el documento excluya esa intención.

León XIV no aborda ese asunto en este discurso. Su silencio no permite atribuirle una condena, una revocación ni una aprobación específica de aquellas bendiciones.

Sí permite formular una exigencia para el futuro: que la relación entre enseñanza y práctica sea comprensible para quienes reciben la atención pastoral y para toda la comunidad.

Benedicto XVI insistió en mantener unidas la caridad y la verdad. Francisco amplió las posibilidades del discernimiento y la integración. León XIV recibe las experiencias y las controversias de ese recorrido y convoca a escucharlas.

Su discurso plantea una responsabilidad que puede tener consecuencias importantes: reconocer los frutos sin eludir las dificultades y buscar formas de acompañamiento que anuncien íntegramente el Evangelio.

La cuestión pendiente es concreta. ¿Permitirá esta evaluación aclarar las condiciones de las decisiones pastorales, corregir aplicaciones deficientes y fortalecer la comprensión del matrimonio?

Las respuestas deberán buscarse en las conclusiones y en las decisiones posteriores. Por ahora, León XIV ha reafirmado el fundamento bíblico del matrimonio y la necesidad de cercanía con las familias heridas.

Ese doble compromiso ofrece un criterio para valorar su pontificado: que la misericordia se haga presente en la vida de las personas y que la enseñanza de la Iglesia conserve su claridad.