Historia y poesía

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Por: Sergio Sarita Valdez | “Siempre que se hace una historia / se habla de un viejo, de un niño, o de sí…” Estas letras pertenecen nada más y nada menos que al cantautor cubano Silvio Rodríguez, en su composición Canción del elegido, escrita en los sesenta del pasado siglo XX. Con anterioridad el escritor español Antonio Machado había esculpido en letras de oro estos versos: “Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace el camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar…”

¿Qué es la historia, sino puro relato de un tiempo ya pasado? Volver la mirada interpretativa a ese ayer que muchos añoramos, y que otros pretenden olvidar. Un emocionado estadista pidió desde la tribuna que olvidáramos ese pretérito, y otro veterano le ripostó: “Perdonar sí, olvidar jamás”. ¿Qué es el mundo de hoy, sino todo el ayer y un “algo más”? Son los tropezones los que hacen levantar los pies. Sin memoria no existe ese ayer, ni tampoco podemos imaginar un futuro; solo habita en la mente el monótono ahora. Quienes aún soñamos gozamos de la dicha de testimoniar los tres tiempos verbales conjugados de modo simultáneo.

Ayer nos enorgullecía disfrutar a plenitud el triunfo de la razón frente a la fuerza. La Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió en París el 10 de diciembre de 1948 para proclamar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se trata de un documento que comienza considerando la libertad, la justicia y la paz mundial como propiedad inalienable de todos los miembros de la familia humana. El primer artículo establece lo siguiente: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

El artículo 2 reza: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

El artículo 3 dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Artículo 4: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. Artículo 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Artículo 9: “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”.

Todo lo arriba desglosado es pura historia; poesía es lo que viene a continuación para cerrar lo iniciado: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto / me ha dado la marcha de mis pies cansados / con ellos anduve ciudades y charcos / playas y desiertos, montañas y llanos / y la casa tuya, tu calle y tu patio…” Gracias, Violeta Parra