Humanismo y Seguridad Nacional

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Por: Luis Fernández | El drama humano en que se ha convertido la migración irregular es uno de los desafíos más complejos, que debe enfrentar la República Dominicana y la región latinoamericana, ya que no se puede seguir ignorando el desplazamiento de miles de personas que abandonan sus países, escapando de la inestabilidad política, pobreza, las desigualdades, la violencia y la falta de oportunidades.

Existen diferentes enfoques para abordar este tema de la migración irregular, que se ha convertido en un fenómeno global, que impacta a los estados especialmente a aquellos que reciben grandes flujos de personas, sin efectivos mecanismos de control y regulación y sobre todo a las naciones pequeñas con recursos y capacidad institucional muy limitados, lo que reduce su capacidad de respuestas.

De un lado están los que propugnan por políticas estrictamente restrictivas, el derecho de las naciones a proteger sus fronteras mediante un estricto control, preservar el orden interno y garantizar la seguridad nacional y por el otro quienes creen en una apertura basada en principios humanitarios, que reconozcan la dignidad humana de los migrantes, evitando abusos y garantizando condiciones mínimas de protección.

Lo primero que hay que establecer es el derecho legítimo de cada país a establecer soberanamente su política migratoria, estableciendo quien entra en su territorio, en qué condiciones puede permanecer, sus mecanismos legales de residencia, de trabajo y la permanencia de extranjeros dentro de sus fronteras, facultades reconocidas internacionalmente, vinculadas a la seguridad nacional y el orden público.

En los últimos años los fuertes flujos migratorios irregulares, el aumento del crimen transnacional y las tensiones sociales han obligado a numerosos países a endurecer sus controles fronterizos y a revisar sus sistemas migratorios, lo que no debe conducir a la deshumanización, las prácticas arbitrarias, violaciones a los derechos humanos de los migrantes, y a su dignidad humana.

Los conceptos seguridad nacional y humanismo deben encontrar un camino común que situé la dignidad, los derechos y el bienestar de las personas en el centro de las políticas públicas, alejándose de la visión tradicional que prioriza únicamente la seguridad del Estado, ningún país puede renunciar a proteger sus fronteras, pero tampoco se puede ignorar la dimensión humana de los flujos migratorios contemporáneos.
Los países en esta época de la humanidad tienen de frente un gran desafío, que es realizar esfuerzos para lograr un equilibrio entre seguridad, legalidad y derechos humanos, el debate del tema no debe caer en extremos peligrosos, ni criminalizar al migrante, ni ignorar los efectos reales que los flujos migratorios irregulares pueden producir sobre los países receptores.

La experiencia internacional demuestra, que no es una garantía de solucionar el problema, ni las políticas exclusivamente represivas ni las completamente abiertas, la realidad es que se necesitan estrategias integrales, cooperación internacional y que las grandes potencias y los organismos multilaterales pasen de algunos discursos solidarios a una real asistencia financiera y logística que ayude a gestionar la migración irregular.

La migración irregular no se puede ver solamente desde la óptica del control fronterizo y la represión, detrás de cada gran flujo migratorio hay crisis económicas, conflictos políticos, inseguridad, desempleo y violencia que obligan a miles de personas a abandonar sus países en busca de mejores condiciones de vida, oportunidades y seguridad para él y sus familiares.

La Asamblea general de Naciones Unidas ha adoptado el concepto de seguridad humana que significa entre otras cosas , “El derecho de las personas a vivir en libertad y dignidad, libres de pobreza y desesperación. Todas las personas, en particular las más vulnerables, tienen derecho a vivir sin temor y sin necesidad, con igualdad de oportunidades para disfrutar de todos sus derechos y desarrollar plenamente su potencial humano”.

El gran reto para los estados es lograr construir políticas migratorias equilibradas y sostenibles, que combinen la seguridad del estado sin debilitar su estabilidad, con el respeto a los derechos humanos de los migrantes, tratando la migración como un fenómeno regional y global que requiere de responsabilidad política, económica y humanitaria compartida.

La migración continuará siendo uno de los temas centrales de la agenda internacional durante los próximos años, frente a ese escenario es de suma importancia, entender que los flujos migratorios lejos de disminuir continuarán creciendo, por lo que los países que logren equilibrar, control y respeto a la dignidad humana estarán mejor preparados para enfrentar y gestionar este determinante fenómeno migratorio.