Incomunicados en el ejercicio de la comunicación

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Por: Héctor Olivo | Como locutor y periodista de profesión, tengo siempre presentes las enseñanzas del profesor Juan Bosch como defensor del idioma castellano o, me atrevo a decir, del español dominicano, por los giros idiomáticos que se han registrado en nuestro país.

Bosch siempre tuvo claro que la lengua es la principal herramienta pedagógica de un pueblo; por lo tanto, su degradación significaba también el deterioro de la capacidad del ciudadano para defender sus derechos.

Predicó que un pueblo que no domina su propio idioma es vulnerable a la manipulación política y social, y que la pobreza de vocabulario era una limitante para formular ideas complejas o entender conceptos.

Al corregir los escritos y colaboraciones enviados a Vanguardia del Pueblo, periódico del Partido de la Liberación Dominicana, explicaba que el insulto y el lenguaje agresivo o panfletario degradaban el ejercicio de la política.

En la actualidad, en los medios de comunicación dominicanos , tanto tradicionales como nuevos, son notorios los insultos y las actuaciones que asemejan un pleito de barrio.

Las burlas y la desinformación predominan entre muchos de los llamados hacedores de opinión y políticos.

En cuanto al uso del idioma, hoy funciona una mezcla agresiva entre el lenguaje de la calle y la formalidad idiomática, lo que borra la línea que antes separaba el habla popular de la norma correcta.

Predominan la jerga barrial, los anglicismos, la reducción de letras en las palabras y las pronunciaciones incorrectas. Al mismo tiempo, han ido desapareciendo los correctores de estilo y los locutores con formación rigurosa y compromiso con el idioma.

Recurrir solo a lo coloquial levanta barreras severas en ambientes internacionales, donde las palabras pueden tener significados distintos.

Todos estos modismos dominantes provocan que cada día estemos más incomunicados en el ejercicio de la comunicación, debido a que los mensajes se pierden, se distorsionan o generan malentendidos.