REDISEÑEMOS LA REFORMA

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Por: Osiris Mota | Ante la debilidad de la oposición, los funcionarios del gobierno comprendieron que podían impulsar una reforma fiscal a su conveniencia, encontrando muy poca resistencia. Sin embargo, no consideraron que su victoria electoral fue con un margen muy reducido, apoyada por la compra masiva de votos y el respaldo obligado de empleados públicos y beneficiarios de programas sociales, quienes en realidad no son soldados leales a su causa.

Lejos de ser una propuesta moderna e inteligente, la reforma fiscal presentada se caracterizó por su arrogancia y desequilibrio. Fue diseñada por funcionarios que carecen de la más mínima sensibilidad y visión a largo plazo. Esta reforma chocó con una población que ya sufre de apagones, la mala calidad de los servicios públicos y que es plenamente consciente del derroche administrativo de los últimos cuatro años.

Al analizar los errores recurrentes del gobierno de Luis Abinader, queda claro que asumieron el poder sin un plan concreto. Han navegado por cuatro años, beneficiándose de una economía relativamente estable, pero sin enfrentar grandes retos, y se han valido de amenazas de procesos judiciales para intimidar a una oposición que, en su mayoría, optó por no confrontar. Este escenario de un mal gobierno y una oposición aún peor solo nos encamina hacia un futuro incierto y lleno de obstáculos.

El economista Andy ha señalado que la pretendida reforma fiscal era, en muchos sentidos, un salvavidas para los evasores fiscales. Asimismo, Ariel Jiménez ha enfatizado que el gobierno no debe abandonar la idea de una reforma, pero coincide en que la prioridad debe ser atacar la evasión, una postura que comparto. Además, es crucial que el presidente demuestre una verdadera intención de mejorar la calidad del gasto público, eliminando el despilfarro que ha marcado su gestión en áreas como el incremento de la nómina pública, las pensiones desproporcionadas y la excesiva inversión en publicidad.

Existen muchas medidas que se pueden implementar antes de recurrir a la opción más simple y regresiva: aumentar los impuestos sobre los alimentos y el consumo de las clases más vulnerables. Es necesario enfocarse en combatir la evasión y otros cuasi delitos que afectan gravemente los ingresos del Estado. Estoy convencido de que, si el presidente toma este camino, la sociedad lo entendería y lo apoyaría. Pero, ¿dónde está la humildad y la solidaridad con el pueblo?