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Por: Asiaraf Serulle | El aumento de los combustibles no es solo una noticia más. Es una señal clara de que lo que
está pasando en el mundo ya está impactando directamente la vida del dominicano.
La situación actual no es solo una crisis energética y de petróleo. Es una crisis más amplia, que
combina conflictos internacionales, aumento en los precios del petróleo y presión sobre toda
la economía global. La tensión en Medio Oriente, incluyendo el conflicto con Irán, ha afectado
el suministro de petróleo y ha encarecido el combustible a nivel mundial.
Esto provoca un efecto en cadena: sube el transporte, suben los alimentos, suben los costos de
producción. Es decir, no es un problema aislado. Es una realidad global que inevitablemente
llega a nuestro país.
Pero si el problema es global, la respuesta debe ser local.
Y es aquí donde surge la preocupación.
Durante años, el gobierno ha aplicado subsidios tanto a los combustibles como a la
electricidad con el objetivo “de proteger” a la población. Esa fue una medida pensada para
evitar aumentos bruscos en el costo de vida.
Pero también es necesario decir algo que muchos dominicanos han sentido por años.
Hubo momentos en que el precio del petróleo bajaba a nivel internacional y el dólar se
mantenía estable o incluso descendía, pero eso no se reflejaba en el precio final de los
combustibles ni en la factura eléctrica.
Y ahí surgía una pregunta sencilla: si afuera baja, ¿por qué aquí no baja?
Se hablaba de subsidios, pero el ciudadano no veía una reducción real en su bolsillo. Y cuando
eso pasa, lo que se genera no es tranquilidad, es incertidumbre.
Porque entonces la pregunta cambia: ¿qué se estaba haciendo con ese margen?
¿Se estaba ahorrando para momentos como este? ¿Se estaba invirtiendo en soluciones a largo
plazo? ¿O simplemente no hubo una estrategia clara?
No se trata de acusar.
Se trata de exigir transparencia.
Porque cuando un pueblo no entiende cómo se manejan recursos tan sensibles, lo que pierde
no es solo dinero… pierde confianza.
Hoy el escenario es distinto.
La presión internacional es más fuerte, los costos siguen subiendo y el Estado ya viene
cargando con subsidios importantes, especialmente en el sector eléctrico. Eso reduce el
margen de acción, pero no elimina la responsabilidad de actuar.
Y aquí es donde debemos ser claros: el problema no es solo el aumento del combustible, el
problema es no saber cuál es el plan.
Porque cuando sube el combustible, sube todo.
Sube el transporte, suben los alimentos, suben los medicamentos, suben los costos de mover
mercancía. Al final, lo paga todo el mundo.
Por eso este no es momento para el silencio ni para respuestas generales. Es momento de
tomar decisiones.
¿Qué se puede hacer?
Primero, explicar con claridad cómo se calcula el precio del combustible. La gente tiene
derecho a saber qué está pagando.
Segundo, enfocar mejor los subsidios, apoyando directamente a sectores clave como el
transporte público y la producción de alimentos, que impactan a toda la población.
Tercero, presentar un plan concreto para enfrentar esta situación, no solo reaccionar cada
semana.
Y cuarto, comenzar a trabajar en serio en alternativas energéticas que nos permitan depender
menos del petróleo en el futuro.
Pero también hay una responsabilidad compartida.
A la gente hay que hablarle claro: los tiempos no serán fáciles. Será necesario cuidar el gasto,
organizar mejor las finanzas y apoyarnos como sociedad.
Sin embargo, esa responsabilidad ciudadana no sustituye la del Estado.
El país necesita dirección. Necesita saber que hay un rumbo.
Porque gobernar no es solo explicar lo que pasa en el mundo.
Es reducir su impacto en la vida de la gente.
Hoy más que nunca, la República Dominicana necesita claridad, planificación y liderazgo.
Porque cuando sube el combustible, no solo suben los precios, también crece la incertidumbre
de un pueblo que merece respuestas.






