Un cuento de camino que indigna

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Por: Héctor Olivo | El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en la rueda de prensa del pasado lunes 3 de agosto, denunció el desorden y la falta de transparencia en la administración pública del Gobierno del PRM.

Esta denuncia se fundamenta en que el órgano rector de la función pública reconoció que el Estado no sabe con precisión cuántos empleados públicos tiene.

Existen instituciones cuyos titulares desconocen cuántos colaboradores están bajo su responsabilidad. Asimismo, hay empleados nombrados en una provincia que laboran en otra, personal fuera del país que continúa figurando en la nómina y plazas ocupadas sin que se preste el servicio público.

«Cuando un Gobierno no sabe con precisión quién trabaja para el Estado, dónde trabaja, cuánto cuesta la nómina y quién ingresó por mérito, ha perdido el control de la administración pública», afirmó el PLD en la rueda de prensa, cuyo contenido fue ampliamente difundido en los medios de comunicación.

Fue el propio ministro de Administración Pública (MAP), el señor Sigmund Freund, quien admitió desconocer la cantidad exacta de empleados que componen la nómina estatal. Tras este tropiezo, ha organizado un periplo por los medios de comunicación intentando enmendar lo dicho.

Resultó vergonzoso escuchar tales declaraciones de boca de este funcionario, quien ha mostrado, tanto en este como en otros casos, una actitud arrogante, incompetente y desconectada de sus responsabilidades públicas.

Las contundentes declaraciones del PLD, acompañadas de las recomendaciones necesarias para recuperar el mérito en la función pública, fueron respondidas por el altanero funcionario, quien responsabilizó al PLD del desorden.

Este es un argumento manoseado y gastado por los gobernantes con el propósito de empañar la gestión del Partido de la Liberación Dominicana, la cual fue ejemplar en materia de administración pública.

Cuando se carece de argumentos válidos para debatir, personas del calibre de este presuntuoso ministro suelen recurrir a tácticas evasivas, falacias o manipulaciones para desviar la atención o confundir.

El tiro le salió por la culata nuevamente al querer culpar de su incompetencia y desaciertos a Ramón Ventura Camejo, dirigente político con una limpia historia de servicio.

Su gestión se sustentó en las leyes y normas vigentes de la función pública, lo que le valió a la República Dominicana el reconocimiento de muchos países por su trabajo y el de su equipo.

Intentar desligarse de la responsabilidad del desastre en un gobierno que ya cumple seis años, culpando a gestiones pasadas, es un cuento de camino que no entretiene a nadie, pero que sí indigna.