Edición No. 1683 del 1 al 15 de octubre de 2016
Los dominicanos y las dominicanas tuvimos recientemente una visita muy particular. Se trata del expresidente de Uruguay, José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como Pepe Mujica. Se trató de una visita breve, pues fue de apenas dos días, que sirvieron para, por intermedio del visitante y sus acompañantes, entre ellos su esposa, Lucía Topolansky, fortalecer los lazos de amistad que unen a República Dominicana con Uruguay, hermoso país suramericano con casi tres millones y medio de habitantes.
Mujica gobernó su país entre 2010 y 2015. Cuando empezó su mandato todavía se sentían los efectos de la crisis de 2008, que se expresó en Uruguay en pérdida de mercado de sus productos agropecuarios. Sucedió a un buen presidente: Tabaré Vázquez.
Durante su mandato se ganó muchos titulares y comentarios en las redes sociales por su particular forma de hablar, caracterizada porque dice lo que tiene que decir de manera llana y directa, sin recurrir al lenguajes diplomático tan utilizado por los líderes con responsabilidad de Estado. También por su estilo de vivida sencillo. Prefirió quedarse en su humilde chacra (granja) y no pasar a vivir en la casa de los presidentes de su país. Utiliza para las compras de la casa y para trasladarse a su trabajo no jeepeta ni Mercedes Benz, sino un Volkswagen del año 1987. Además solo recibía el diez por ciento de su sueldo de presidente y distribuía el 90 por ciento en proyectos de ayuda contra la pobreza, porque, como lo dijo y lo demostró, precisa de poco para vivir. A ese Mujica es al que se le da dado la mayor publicidad. Pero hay otro Mujica que debe ser conocido: el Mujica presidente eficiente.
José Mujica se propuso desarrollar su gestión de gobierno poniendo la mayor atención en cuatro ejes: educación, seguridad, medio ambiente y energía. Con la excepción de seguridad, en el que no tuvo logros significativos, en los otros tres sus éxitos estuvieron por encima de la media de la región.
Hasta el momento de su llegada al poder el desempleo era en Uruguay de un 8,2%, Mujica lo redujo en 2013 a un 6,7%, aunque al final, como consecuencia de un proceso de desaceleración que afectó la economía, estimado en 2%, se elevó a 7,7%. En promedio la subida de los salarios alcanzó hasta un 23% respecto al sueldo medio y, en el caso de las pensiones y jubilaciones, el aumento fue de un 24%. Esto último, junto otras acciones, ha incidido en una reducción notable de la pobreza, que de un 10,4% en el 2009, descendió a un 5,9% en el 2012.
Tanto como el hombre de hablar y vida sencillos, el Mujica presidente debe ser admirado por el legado social y político que le dejó a su pueblo.
Con esos logros y esos reconocimientos vino a nuestro país, donde encabezó la puesta en circulación de un libro con diálogos y anécdotas suyas, escrito por dos destacados periodistas de Uruguay, fue investido con un doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, recibió un reconocimiento del Senado de la república, dijo una conferencia en una de nuestras universidades privadas, participó en el desayuno de uno de nuestros más poderosos grupos de medios de comunicación y, finalmente, le cursó una visita al presidente Danilo Medina.
En la resolución con que el Senado de la República lo reconoció está plasmada la actitud del pueblo dominicano ante tan valioso ciudadano de América. Allí se le califica de humanista ilustrísimo, propulsor de la unidad latinoamericana y ejemplo viviente del comportamiento ético. Y no puede esperarse menos de un dirigente que arriesgó su vida en las luchas por las libertades en su país y que ha asumido la política como la definió ante nuestros senadores y diputados: “una pasión para servir a la gente”.



