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Por: Héctor Olivo | Que se pusiera en duda la afección gripal que imposibilitó la presencia del presidente de la República, Luis Abinader, en la ceremonia central de la celebración del Día la Virgen de la Altagracia en la Basílica de Higüey, es una demostración de que el mandatario y su gobierno han perdido credibilidad.
Correspondió a la primera dama, en un lenguaje sencillo, explicar la indisposición del mandatario para estar presente en el templo católico, acorde a la tradición.
“Tiene un virus gripal, que comenzó anoche con 38 grados y algo de fiebre. Estaba tosiendo” , detalló Raquel Arbaje a los periodistas cuando arribó al templo católico.
Los medios informativos dieron a conocer la versión de la primera dama, poniendo en primer plano que la celebración eucarística, encabezada por el obispo Jesús Castro Marte, estaba ausente el mandatario.
Al día siguiente un mar de conjeturas circularon en torno a la ausencia del presidente en la misa en la basílica de la Virgen de la Altagracia, incluyendo observaciones clínicas que apuntaban a diferenciar influenza de una simple gripe.
Al parecer fue lo último, porque dos días después, el mandatario cumplió su agenda habitual tal y como se informó en la Presidencia de la República que presentaron el estado de su salud en franca recuperación.
La ausencia en el templo fue compensada con un mensaje, tipo oración, por el pueblo dominicano, destacando la fe y la esperanza como pilares fundamentales de la nación.
La inasistencia en la basílica llevó a los hacedores de opinión a asociar el tema con la suspensión de la rueda de prensa conocida como La Semanal y los argumentos utilizados para la pausa de este conversatorio en el Palacio Nacional.
Sin duda alguna el Gobierno y en especial el ciudadano presidente, tienen que buscar fórmulas para hacerle frente a la pérdida de credibilidad en la población antes de que se convierta en una crisis de legitimidad.






