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Por: César Peña Bonilla | Hoy, 14 de febrero, mientras el país celebra el día del amor y la amistad, los y las peledeístas debemos hacer una pausa para reflexionar sobre el sentimiento que nos une: el amor por nuestra organización y, a través de ella, el amor por la República Dominicana.

No es una coincidencia que, en este contexto de fraternidad, nos preparemos para la importante convocatoria de nuestro Comité Central el próximo 22 de febrero.

Un Paso Decisivo hacia el 2028

La reunión del 22 de febrero no es un trámite burocrático más. Validar la lista de aspirantes a la candidatura presidencial es el primer gran paso de nuestra ruta hacia la victoria en 2028. Este proceso debe ser el reflejo de una organización madura que, inspirada en el pensamiento del Profesor Juan Bosch, entiende que los intereses individuales jamás pueden estar por encima del bienestar colectivo.

En política, la amistad se traduce en lealtad y el amor se manifiesta como unidad de propósitos. La preselección de quienes aspiran a dirigir los destinos de la nación bajo la bandera morada y la estrella amarilla debe ser un ejercicio de democracia interna ejemplar, donde la competencia fortalezca los lazos en lugar de debilitarlos.

La Unidad: Nuestra Mayor Fortaleza

Como bien señalaba nuestro maestro eterno, Juan Bosch, un partido es un instrumento de liberación. Pero ese instrumento solo es efectivo si está cohesionado. De cara al 2028, el PLD se enfrenta al reto de presentar una propuesta renovada, capaz de conectar con las angustias y esperanzas del pueblo dominicano, que hoy añora la estabilidad y el progreso de nuestros gobiernos.

La unidad que predicamos no debe ser una «unidad de fachada» o de simple sumisión, sino una «cohabitación constructiva». Es el momento de escucharnos, de validar cada aspiración con respeto y de entender que, independientemente de quién resulte favorecido por la simpatía popular, el ganador final debe ser el Partido de la Liberación Dominicana.

Reflexión Final

En este día de la amistad, miremos a nuestro compañero del lado no como un rival de proyecto, sino como un aliado de causa. Nuestra voz en todo el país debe ser una sola: la que proclame que el PLD está listo para retornar y servir.

Que la reunión del próximo 22 de febrero sea el punto de partida para escoger nuestro candidato presidencial este mismo año y, de una ofensiva de amor por nuestra causa, donde la disciplina y la fraternidad sean los pilares que nos lleven de nuevo a las escalinatas del Palacio Nacional.

¡Por la unidad y por el triunfo en el 2028!