El Partido de la Liberación Dominicana no puede estar sometido al capricho de dirigentes políticos del talente de algunos de los opositores que de manera improcedente —y muy poco delicada, por demás— se retiraron del diálogo que se convocó el año pasado para consensuar los proyectos de Ley de partidos y agrupaciones políticas y del Régimen Electoral.
Como recuerda gran parte de los dominicanos y las dominicanas, el Comité Político del PLD decidió en una de sus reuniones la creación de una comisión, encabezada por uno de sus miembros, para conocer ambos proyectos. La Comisión hizo su trabajo. Incluso viajó al exterior para conocer otras experiencias y lograr una legislación lo más avanzada posible. El alto organismo de dirección del Partido conoció y unificó posición respecto a ambas iniciativas.
En esa línea, se orientó a nuestros legisladores para el conocimiento y aprobación de la ley a la vez que una comisión de la dirección del Partido los empezó a discutir con representantes de la oposición. El coordinador del diálogo lo era monseñor Agripino Núñez Collado, a quien el presidente Danilo Medina había invitado con ese propósito.
Desde el principio —y mantuvo esa actitud en todo momento— el PLD acudió al diálogo convocado por Núñez Collado con la mejor disposición a la concertación y llegar a acuerdos satisfactorios para todos. Sin embargo, también desde el principio, un sector de la oposición mantuvo la actitud de bombardear el diálogo con exigencia tras exigencia. Primero, como lo recordó en estos días nuestro secretario general, Reinaldo Pared Pérez, condicionaron su participación en el diálogo a que se escogiera a los miembros de la Junta Central Electoral, después condicionaron a que se invitara a los partidos minoritarios, y aceptamos; luego condicionaron a que se invitara a la sociedad civil, y también aceptamos. Pese a todo eso hicieron lo que estaban predispuestos a hacer: se retiraron del diálogo.
Algunos de ellos llegaron incluso a descalificar a monseñor Agripino Núñez Collado, desconociendo una extensa e intensa conducta de mediador y componedor eficaz de entuertos políticos y sociales en nuestro país.
Después de tantos tira y jala y de tantas poses vienen ahora con el rabo entre las piernas exhibiendo un supuesto interés por el diálogo que abandonaron.
Tomando en cuenta todos estos precedentes, nos identificamos con los dirigentes que han planteado que el escenario idóneo y natural para que se conozcan los mencionados proyectos es el Congreso Nacional, claro siguiendo, como se ha expresado se hará, el debido procedimiento y escuchando, en vistas públicas y mediante cualquier mecanismo legítimo, a todo el que tenga algo que aportar en la línea del enriquecimiento de ambas leyes.
Todos queremos una Ley de partidos y agrupaciones políticas y una Ley del Régimen Electoral acordes a los nuevos tiempos. En ese propósito nos parece que lo mejor que puede hacer la oposición en este momento es mostrar madurez e integrarse a las discusiones que se darán en el Congreso, no vaya a ser que la deje la guagua, como ha acontecido en otras ocasiones.



