Cicatriz dolorosa y aleccionadora la del ‘63

El cuerpo social dominicano conserva todavía una cicatriz dolorosa que nuestro pueblo mira de cuando en cuando, no para lamentarse ni dedicarse a llorar la leche derramada, sino para reforzar su vigilancia y salirle al paso a cualquier apresto aventurero como aquel que atente contra el desarrollo institucional que como sociedad se ha venido logrando. Esa horrenda cicatriz es el golpe de Estado dado al gobierno del profesor Juan Bosch en 1963, del que se cumplen en estos días 55 años.

“Una puñalada  a la joven democracia que frustró un proceso libertario que tenía como aspiración una sociedad sustentada en instituciones para producir las transformaciones que requería República Dominicana”, así definió el golpe septembrino y sus consecuencias nuestra Secretaría de Comunicaciones en un despacho de prensa en que recordó la efemérides este 25 de septiembre.

Y recuerda también que tras el golpe vinieron el desorden, la intolerancia y el saqueo de una parte del patrimonio nacional.

Vanguardia del Pueblo ha sostenido en numerosas ocasiones que la historia se escribe con los hechos, no con lo que pudo haber pasado. Sin embargo, a veces resulta aleccionador el ejercicio intelectual de qué tipo de país hubiéramos tenido de habérsele permitido a Juan Bosch terminar en 1967 su período de gobierno, tomando en cuenta de manera  desapasionada las ejecuciones que como presidente de República Dominicana venía impulsando, entre las que se destacan su visión para dotar el país de la energía eléctrica que se necesitaba para dar el salto industrial que se requería en 1963, la superación del déficit del presupuesto que halló, así como la estabilización de la balanza comercial y la cantidad de tierras que en tan poco tiempo había logrado conseguir para la reforma agraria que se proponía impulsar, para quedarnos con algunas iniciativas económicas y sociales.

Pero además tomando en cuenta que la visión con que Bosch estuvo gobernando hasta el momento del golpe de Estado también se puso de manifiesto en el aspecto político. En este caso se destaca siempre la Constitución, promulgada en abril de 1963. Es cierto, era una Constitución avanzada para la época, que dotaba al ciudadano y a la ciudadana de amplios derechos civiles y políticos  a la vez que garantizaba la conservación de la soberanía nacional; sin embargo,  tan importante como eso —y hay que admitir, relacionado estrechamente con eso— fueron las amplias libertades que con que el Bosch presidente se condujo desde el gobierno. Prometió que en sus manos no perecería la libertad, y lo cumplió.

Esa oportunidad de desarrollo institucional, industrial y político fue lo que se le robó al pueblo dominicano con el fatídico golpe de Estado dado a Juan Bosch. Consecuencia de ese robo fueron los numerosos viudas y viudos, huérfanos y huérfanas y la desarticulación de gran parte del aparato productivo del país ocasionados por la Guerra de Abril de 1965. Y sin esa guerra no hubiéramos tenido invasión y ocupación del país por tropas norteamericanas, luego camuflada bajo el disfraz de una fuerza interamericana.

El golpe de Estado le robó al pueblo dominicano una gran oportunidad. Sin embargo, como lo dijo en numerosas ocasiones el propio Bosch, nada es tan malo que no encierre en sí algo bueno. Si algo bueno puede extraerse del golpe de Estado es que contribuyó a cambiar la visión de la política de Juan Bosch, y en ese cambio se encuentra el origen del Partido de la Liberación Dominicana, que ha venido gobernando en los últimos 14 años siguiendo las enseñanzas de su líder histórico y fundador. Y así lo seguirá haciendo por decisión de pueblo dominicano.