Con reverencia y compromiso

Del 16 al 30 de junio de 2017 • Año 40, No. 1700

Hay ocasiones en que las sociedades, al igual que las instituciones y los individuos, deben hacer un alto en sus actividades cotidianas,  y mirar hacia atrás con ánimo de reanudar luego con mayor impulso su avance hacia el futuro. Por ejemplo, las fechas patrias son de ese tipo de ocasiones. Son momentos propicios para echar una mirada al pasado y ver las realizaciones de nuestros próceres fundadores y de aquellos que decidieron dedicar su talento, sus bienes materiales y hasta su vida a la conservación del bien patrio. Como comunidad, cada 26 de enero, 27 de febrero, 24 de abril, 16  de agosto, para mencionar algunas de esas fechas históricas, los dominicanos debemos  desentendernos de nuestros quehaceres habituales para pensar en Juan Pablo Duarte y sus compañeros de desvelos independentistas; para reflexionar en las acciones emprendidas por Rafael Tomás Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño, quienes junto a los militares y civiles que les secundaron en aquel abril glorioso de 1965 se jugaron el todo por el todo por el desarrollo institucional del país, primero, y luego por su autodeterminación; y, finalmente, debemos hacer una pausa en agosto para rendir tributo a los héroes de la Restauración, encabezados por Gregorio Luperón y Gaspar Polanco.

Es una responsabilidad con que los dominicanos y las dominicanas cumplimos con conocimiento de causa, en nuestra condición de pueblo agradecido. Igual acontece con los demás pueblos  hermanos. Cada uno tiene sus héroes, sus próceres, a los que de cuando en cuando se debe reverenciar y rendirles tributo. Se acude a ellos en los tiempos difíciles y en los tiempos de sosiego, de bonanza, de prosperidad. En los primeros, para lograr fortaleza, para inspirarnos en sus ejemplos, para sacar provecho de sus experiencias, para estimularnos aunque sea diciéndonos “si ellos  pudieron en coyunturas más difíciles, nosotros también podemos ahora”; en los segundos, en los tiempos que podrían considerarse apacibles, para fortalecer nuestros compromisos con el país, para hacer conciencia de que no debemos bajar la guardia porque el peligro acecha en cada encrucijada de las que abundan en el destino de nuestro pueblo, en fin, para cumplir con nuestro cometido histórico como buenos dominicanos y buenas dominicanas.

Eso que acontece con los pueblos lo vemos en todas las instituciones, sean religiosas, culturales, científicas, políticas, militares, sindicales y gremiales, por solo mencionar algunas.

En consecuencia, ese alto en el trajinar diario también lo experimentamos los peledeístas en las que hemos denominado nuestras fechas emblemáticas, entre las que se encuentra el 30 de junio, día en que conmemoramos el natalicio de nuestro fundador y líder histórico, el profesor Juan Bosch.

Con motivo de tan significativa efemérides nos hemos apartado momentáneamente de nuestras actividades cotidianas para mirar hacia Juan Bosch, reflexionar en su legado y fortalecer nuestro compromiso de seguir siendo fieles a sus enseñanzas, a su  ejemplo de vida.

Así lo hemos hecho de manera pública con el desarrollo de un extenso programa de actividades conmemorativas del 108 aniversario de su natalicio, tanto en la capital del país como en el interior y ciudades del exterior, y también lo hemos hecho de manera privada en nuestros hogares, oficinas, locales.

Como cada 30 de junio, acudimos ahora a don Juan para honrarle y fortalecer nuestro compromiso de conservar su partido sano, unido y presto a seguir gobernando con la vista puesta siempre en los mejores intereses de su pueblo. Así ha sido, y así continuará siendo. Para eso estamos sus discípulos.