Sófocles y el mal de la irreflexión política criolla

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Por: Luis García | A propósito de la nueva reprobación de la educación dominicana en el ciclo trienal 2022-2025 del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), estudio universal auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); se me ha ocurrido reflexionar acerca de la conexión existente entre la irreflexión que se observa en el panorama político nacional y el impacto de la baja calidad educativa en el desarrollo del pensamiento crítico.

El hecho de que República Dominicana quedara entre los tres países de peor desempeño en las pruebas de América Latina, junto a Paraguay y Honduras, refleja un déficit en el pensamiento crítico, es decir, reduce la capacidad de su población para analizar, evaluar y contrastar adecuadamente las informaciones antes de su validación. Esta herramienta cognitiva constituye una habilidad que tiene aplicaciones en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, por lo que sirve de ayuda en la toma de mejores decisiones correctas, cuestión fundamental en un ciudadano del siglo XXI.

Lo anterior explica, de alguna manera, cómo personajes de medianía de la cotidianidad dominicana aparecen en sitiales de preferencia en estudios de opinión pública, lo que no deja de ser una especie de tragedia irreflexiva para el futuro del país.

En este punto, se me ocurre pensar en el filósofo trágico griego Sófocles, para quien el peor mal del hombre es la irreflexión, al considerar que una falta de juicio o incapacidad de pensar con cordura conducía directamente a la tragedia. En sus obras, protagonistas como como Creonte, en Antígona o Edipo en Edipo Rey; actúan impulsivamente o con soberbia, negándose a reflexionar sobre la verdad hasta que es demasiado tarde. Reconocía que equivocarse es humano, pero que aferrarse al error sin recapacitar es la verdadera raíz de la ruina. La irreflexión conduce a otro mal aún más peligroso, que es la estupidez.

“La estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad”, decía Dietrich Bonhoeffer, mártir de la resistencia antinazi. El mal puede ser combatido con más facilidad porque resulta evidente, precisaba, genera reacciones contrarias, motiva a exponerlo y a enfrentarlo. En cambio, la estupidez no puede ser enfrentada con la racionalidad, la lógica o las evidencias, porque no atiende a esos argumentos. El problema está en que los estúpidos renuncian a razonar críticamente, debido a que tienden a aceptar dogmas y órdenes sin cuestionarlos.

Una parte de la sociedad dominicana vive la actualidad sin planificar las cosas ni importarle nada; el tiempo no le cuenta y el consumismo parece el norte a seguir de manera indefinida. Vive en automático, como robots, máquinas diseñadas para hacer cosas programadas, y de las cuales se quieren obtener determinados beneficios.

El estar “in” y no “out” en una determinada sociedad constituye una forma de vida a la que prácticamente se nos obliga, casi de manera coercitiva, debido a que, de negarnos parecería que nos excluyésemos de este mundo, en palabras del extinto escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano.

La sociedad dominicana, en términos políticos, parece que navega en medio de la irreflexión, un terreno peligroso en momentos en que el futuro luce complejo; con una deuda pública en la estratosfera y un marcado deterioro institucional que traba la construcción de una nación más cohesionada, productiva y moralmente incuestionable.

Sófocles nos toca cada día las puertas para que seamos reflexivos con la finalidad de evitar que la irreflexión social y política conduzca a República Dominicana a tragedias de consecuencias indeseadas.