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Por: Héctor Olivo | Junto al alto costo de la vida y la espiral de violencia que afecta a la República Dominicana, las quejas debido a los aumentos injustificados en las facturas de electricidad pasaron a ocupar un lugar preponderante en ese ranking negativo.
En los noticiarios, programas de radio y televisión, y en los medios alternativos, el grito generalizado por el aumento desproporcionado fue dominante.
Los usuarios reportan que sus recibos habituales se han duplicado o triplicado de un mes a otro, a pesar de mantener los mismos hábitos de consumo, el cual también se ha reducido con la tanda de apagones de los últimos días.
Las desmedidas alzas en la tarifa del servicio eléctrico coinciden con prolongados apagones que, según las autoridades, se deben a una sobrecarga histórica por las altas temperaturas, lo que ha desatado una indignación generalizada y llamada a protestas.
Residentes de varios sectores de Moca marcharon al inicio de la pasada semana por distintas calles para expresar su rechazo al alto costo de la vida y exigir una rebaja en la tarifa eléctrica, entre otras demandas.
En las oficinas de las tres empresas distribuidoras de electricidad, las llamadas Edes, llovieron las quejas, denuncias e indignación de la gente, recibiendo siempre respuestas de indiferencia y hasta de burla.
Los consumidores afirman que la Oficina de Protección al Consumidor de Electricidad (Protecom), que es a donde refieren a los quejosos en las Edes, suele declarar los reclamos como «improcedentes» de manera sistemática.
En el reportaje del periódico Listín Diario titulado “Vuelven las quejas por alzas ‘injustificadas’ en las facturas de electricidad”, encontramos reacciones diversas que retratan la indignación y frustración de los usuarios. Copiamos: “Sigan votando por el PRM, ahí tienen su cambio”, “LA MISMA PELA”, “Esas facturas tienen a los negocios cogiendo la loma”, “Muchos negocios cerrando sus puertas”, “Viene la campaña, préstamos y apretar la tuerca para dar pica pollo y 500 pesos”, “Ustedes querían cambio, ahí lo tienen”, “Tú, sí, tú mismo, que vendiste tu voto y que no saliste a votar, te digo que aguantes tranquilo y sin hablar nada”. Son muestras.
Se nota la rabia, la cólera e irritación por el abuso de un gobierno que pintó pajaritos en el aire a la población y, en su lugar, llenó los espacios de demonios.





