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Por: Daniel Cruz | El Partido de la Liberación Dominicana acaba de dar otro ejemplo de por qué gran parte de los dominicanos y las dominicanas identifican a sus dirigentes como los que saben gobernar. Lo hizo presentando al país su posición ante las medidas económicas e impositivas anunciadas la semana pasada por el gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM. El PLD expuso una postura madura, meditada y coherente, que echó por tierra las supuestas preocupaciones de la administración perremeísta por el crecimiento económico y la mitigación de la crisis internacional.
Y no puede ser de otro modo, porque si algo se enseña y, por ende, se aprende temprano en el PLD, es que la solución de los problemas de un país no está en la cabeza de un solo hombre, por más preparado que sea. Ya lo dijo Juan Bosch: los hombres, por más talentosos que sean, no hacen la historia; por el contrario, es la historia la que hace a los hombres extraordinarios.
Solo comprendiendo eso podemos entender el peso y la seriedad que caracterizan la posición hecha pública por el PLD este lunes.
En lo que respecta a los dirigentes del partido, debemos difundir esa postura sin caer en el juego del gobierno del PRM de enfrascarnos en una discusión de tecnicismos económicos. Nuestro trabajo es ser directos y claros: esta reforma es otro atentado directo al bolsillo de la gente trabajadora.
En ese sentido, el documento del partido contiene argumentos y enfoques demoledores que desnudan la narrativa oficialista, empezando con la traición a la clase media.
El Gobierno promete alivios falsos, como la indexación, que no llega a cubrir el malestar generado por la inflación acumulada, mientras mete la mano en el bolsillo de la clase media imponiendo aumentos a los pasajes aéreos y a los servicios bancarios.
Además, el gobierno perremeísta pide sacrificios, pero no dice en qué se van a gastar los cuartos ni explica con seriedad cómo controlará los gastos corrientes; primero, y luego cómo los bajará, hasta cuánto los reducirá y en qué tiempo. Debe recordarse que Abinader y su gente del PRM han aumentado el gasto corriente del 14.1 % al 16.5 % del PIB entre 2020 y 2025, lo que en términos de pesos dominicanos representa una supermillonada.
Realmente no se trata de que falte dinero, sino de que el Gobierno lo gasta mal.
Si había algún iluso acomodado a la idea de que las medidas anunciadas podrían incidir en la mejoría de su situación, es bueno que haga conciencia de que la clase media y los trabajadores serán los que terminarán pagando los platos rotos por la incapacidad de Abinader y su gente. Al fin y al cabo, esos sectores son para este gobierno una especie de caja chica en la que meten la mano ante el primer apuro.
El amague demagógico
Invocando un supuesto propósito «procrecimiento» económico, el Gobierno propone un aumento del Impuesto sobre la Renta (ISR) del 27 por ciento al 30 por ciento aplicable a los grandes contribuyentes. En este aspecto, el PLD plantea que, si bien es cierto que esta medida «podría generar ingresos adicionales para el Estado en el corto plazo», también podría reducir «la capacidad de inversión de las empresas precisamente en un momento en que la inversión privada ha sido el principal sostén del crecimiento económico, la generación de empleos y la expansión de la actividad productiva, compensando el bajo nivel de inversión pública registrado en los últimos años».
Lo que demuestra la inconsistencia del Gobierno al amagar con un 3 % de ISR contra los grandes contribuyentes es su ceguera oportuna ante la evasión fiscal. Por ejemplo, se estima una evasión del ITBIS del 43.6 % en 2025 mientras se habla de otra amnistía tributaria. En ese sentido, el PLD plantea que «antes de aumentar tasas impositivas debe agotarse plenamente el potencial recaudatorio existente en la reducción de la evasión. El espacio potencial de recaudación asociado a reducción de evasión podría ser comparable o incluso superior al rendimiento de varias de las medidas propuestas».
Parecería que el gobierno del PRM prefiere premiar con amnistías a los que evaden miles de millones, en lugar de cobrarlos. ¡La burla no puede ser mayor! Perdonan la deuda a grandes evasores con amnistías, pero a ti te exprimen hasta el último centavo en el colmado y en el banco.
Finalmente, el PLD considera que una política fiscal responsable «debe comenzar por revisar la calidad y el nivel del gasto público antes de imponer nuevas cargas tributarias a empresas, trabajadores y clase media. El gobierno tiene la obligación de identificar áreas de ahorro, eliminar gastos innecesarios, mejorar la eficiencia administrativa y demostrar con cifras verificables que ha agotado todas las políticas de racionalización del gasto corriente».
La conclusión es simple: o le damos un cheque en blanco —nuestra confianza— a un gobierno demagógico que ha hecho de la mentira y la retórica su método de trabajo preferido, o identificamos sus planteamientos de ahora con banderitas rojas y le reclamamos administrar los recursos con responsabilidad, autoridad y eficiencia, cualidades de las que son huérfanos Abinader y su gente del PRM.





