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Por: Pablo del Rosario | A días del certamen electoral en la UASD, tengo la percepción de que la plancha encabezada por el Dr. Jorge Asjana David, ganará por amplio margen. Mi percepción se fundamenta en los pronósticos (encuestas) realizadas, y en la opinión generalizada de los integrantes de la familia uasdiana, con la que he tenido la oportunidad de compartir el tema. Las expresiones mas comunes son relativas a los atributos del Dr. Asjana, que abarcan desde su capacidad profesional hasta su integridad personal.
Esto sin dejar de lado los méritos profesionales y morales de todos los que le acompañan. Su propósito es dignificar la UASD, convirtiéndola en la primada y primera Universidad del Nuevo Mundo.
Asumiendo que la proporción de los votos favorables será 70/30, de acuerdo con las mediciones previas, no cabe duda de que ese objetivo será logrado sin mayor dificultad.
Sin embargo, más allá de una contienda electoral y de la simpatía que pueda despertar una candidatura, lo verdaderamente trascendente es la oportunidad que tiene la universidad de abrir una nueva etapa de fortalecimiento institucional. La UASD necesita avanzar con visión, planificación y compromiso colectivo, de manera que cada decisión administrativa y académica se traduzca en beneficios concretos para estudiantes, docentes y servidores.
En ese sentido, un futuro auspicioso para la academia estatal solo será posible si se consolidan políticas orientadas a elevar la calidad docente, impulsar la investigación, modernizar los procesos institucionales y garantizar una gestión transparente. La comunidad universitaria espera respuestas a desafíos históricos, pero también desea una conducción capaz de inspirar confianza, unidad y sentido de pertenencia en torno a un proyecto común.
La UASD, por su historia, su prestigio y su papel en la formación de generaciones de profesionales, merece continuar por una senda de crecimiento y renovación. Si el próximo proceso culmina con una dirección comprometida con esos ideales, entonces no solo estaremos ante un cambio de autoridades, sino ante la posibilidad real de consolidar una universidad más fuerte, más moderna y cercana a las aspiraciones del pueblo dominicano. Ese es, sin duda, el verdadero sentido de un futuro auspicioso





